El viàtic d’Arbúcies

En altres casos, exercint la seva funció justiciera, la terra s’ha empassat els balladors que no respectaven les normes de l’església. Es el cas d'Arbúcies, on els dansaires estaven tan concentrats en el ball que no es varen adonar del pas de la processó. En comptes de ser nosaltres qui ho expliquem, deixarem la paraula a Víctor Balaguer (1893):

Parece que un domingo, allá, en tiempos desconocidos, y á hora ya muy avanzada de la noche, estaba la plaza de Arbucias llena de gente, y mozos y mozas bailaban la sardana al són del tamboril y del caramillo. En lo mejor de la danza, y cuando con más ardor se entregaban á ella, ocurrió que comenzaron á tocar las campanas de la iglesia, y abriéndose las puertas del templo, asomó por ellas el Viático que cruzó en procesión por un extremo de la plaza. Ni músicos ni danzantes y danzarinas repararon en él, y siguieron tocando los unos y bailando los otros, embriagados por el placer de la danza, hasta que de repente se hundió el piso, abrió la tierra sus entrañas, y todos desaparecieron en el abismo para castigo ejemplar de su irreverencia.
Dícese que desde entonces, y hoy todavía, al llegar cada año el domingo aniversario del suceso, los transeuntes que pasan á deshora por la plaza pueden oir el són del caramillo y del tamboril, y al propio tiempo un coro de mujeres, surgiendo del seno de la tierra que repire este cantar:

Cansada estich, cansada,
Cansada de ballar...
Y tinch que ballar sempre
Fins que l’ mon finirá!

Aquest també seria el cas de Lloret Salvatge, un poble engolit tot sencer quan els seus habitants, enmig del ball de carnestoltes, no varen sentir les campanes que tocaven a morts. Encara avui dia, si acosteu les orelles al terra, els sentireu que fan soroll: són els dansaires, condemnats a ballar per sempre més.